Migrant Legal Action Program
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La Vivienda de los Trabajadores Agrícolas

Para muchas personas, las palabras “trabajadores agrícolas” evocan imágenes graficas de viviendas deterioradas y ruinosas escondidas en los rincones remotos y aislados de las partes rurales del país. Tal vez unos piensan en chozitas viejas hechas de madera con hoyos en las paredes y los suelos. Otros se imaginan aguas inmundas o químicos saliendo de tubos en los espacios abiertos cerca de la vivienda donde suelen jugar los niños. Y otros piensan en cocheras grandes o cobertizos desordenadamente divididos en areas de vivienda separadas por sábanas tiradas encima de cuerdas colgadas del techo. Desgraciadamente, estos imágenes evocados describen con demasiado detalle vivo la realidad para muchos trabajadores agrícolas y sus familias. Y, aún más desgraciadamente, unos trabajadores, encontrándose forzados vivir en coches, granjas abandonadas, o aún silos de trigo, viven en condiciones aún peores.

Existen generalmente dos lugares donde un trabajador agrícola quizás encontrará donde vivir: en los terrenos de la granja o por afuera. El tipo de vivienda proveído en la granja se refiere como un “campamento de la mano de obra.” Es común que los cultivadores o patrónes (que muchas veces son la misma persona) instalan cercos altos que rodean estos recintos de vivienda para que no salgan los trabajadores y, a la vez, para que no puedan entrar personas del exterior como abogados o proveidores de ayuda médica. Típicamente, las unidades de vivienda están llenas y antihigiénicas y faltan las necesidades básicas, viviendo sin las cuales nosotros ni podríamos imaginar, como inódoros, agua corriente, y aún electricidad. Muchos patrones deducen pagos del alquiler de los sueldos que pagan a los trabajadores que viven en estos campamentos que no reúnen condiciones de habitabilidad.

Dentro de los campamentos de la mano de obra, frecuentemente hay líderes del equipo o gerentes que funcionan como los ojos y las orejas del cultivador o patrón. Estos gerentes toman nota de los trabajadores que se quejan y son especialmente vigilantes por los trabajadores que discuten la idea de organizar un sindicato para mejorar las condiciones del trabajo y de la vivienda. Por el hecho de que los campamentos de trabajadores no están sujetados a las leyes normales que regulan la relación de terrateniente y inquilino, el propietario puede desalojar a los trabajadores con un aviso de poca anticipación (a veces sólo 24 horas), especialmente cuando el patrón dispide al empleado. Esta amenaza constante del desalojo silencia muchas quejas y, como resultado, los trabajadores se ven forzados aguantar condiciones terribles tanto donde trabajan como donde duermen.

Entre 1980 y los primeros años de la década de los noventa, el número de campamentos de la mano de obra autorizados en un estado se disminuyó radicalmente de más de 5,000 a menos de 1,000. Se calcula que los campamentos de la mano de obra hoy en día sólo pueden acomodar a un porciento muy pequeño de los trabajadores agrícolas en este país. Entonces, muchos trabajadores ahora no tienen la posibilidad de vivir en los campamentos y tienen que buscar vivienda en el mercado privado.

Los trabajadores que se ven forzados entcontrar una vivienda afuera de las granjas se enfrentan muchos retos considerables. Primero, muchas zonas rurales no tienen viviendas razonables y decentes para inquilinos de bajo ingreso. Segundo, los terratenientes con ganas de obtener ganancias extras pueden decidir aumentar a los precios del alquiler durante la temporada de la cosecha porque saben que la oferta de viviendas es muy limitado. Debido al hecho de que muchos trabajadores tienen ingresos de bajo del nivel oficial de la pobreza, también luchan a juntar suficientes fondos para cubrir a los desembolsos iniciales. Por último, les hace falta aceso al crédito y por eso no pueden comprometerse a los contratos de arrendamiento de un año completo que exigen muchos terratenientes. Como resultado, los trabajadores agrícolas que tienen que alquilar viviendas en el mercado privado suelen apiñarse en unidades chicas para sufragar los gastos del alquiler. Puede ser que varias familias se apiñan en un solo departamento o que hasta diez hombres adultos conviven juntos en unidades de alquiler minúsculas.

Unos trabajadores que no tienen la opción de vivir en campamentos y no pueden encontrar unidades de alquiler adecuadas corren el riesgo de exposición a la intemperie mientras viven de una forma temporaria en las cunetas, los campos abiertos, o los coches.

El gobierno federal ha tomado unos pasos muy limitados para aumentar la disponibilidad de viviendas decentes y razonables para los trabajadores agrícolas. El Servicio de Vivienda Rural del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) administra los programas de la Sección 514 y la Sección 516, los cuales proveen prestamos y fondos de otorgamiento respectivamente para comprar, construir, mejorar, or arreglar viviendas para los trabajadores agrícolas. Desafortunadamente, la necesidad para las viviendas excede por mucho los fondos disponibles por el programa. Para la vivienda, como para otras cuestiones relacionadas a los trabajadores agrícolas itinerantes, es muy dificíl encontrar cifras estadisticas precisas. Pero, los mejores y más recientes datos indican que solo hay alojamiento adecuado para 425,000 de los 1.2 millones de trabajadores agrícolas en el país. Esto quiere decir que casi 70 por ciento de los trabajadores agrícolas no tienen opciones de vivienda. A pesar de esta necesidad asombrosa, los programas de la Sección 514 y la Sección 516 had creado solo 33,839 unidades de vivienda desde el principio hace más de cuarenta años en 1962.